Vuelve una de las sagas de zombis más queridas de los fans… 28 años después.

Puede que no hayan pasado 28 años exactos, pero se han sentido como tal. La primera película de esta saga – 28 días después -, se estrenó en 2002; y junto al Amanecer de los muertos (2004) y Zombies Party (2004) popularizaron la figura del zombi moderno en el cine a principios de los 2000. Cinco años más tarde saldría su secuela – 28 semanas después-, la cuál no fue dirigida por Danny Boyle, el director original de la primera cinta. Por lo que en esta ocasión se apostó por una nueva entrega más enfocada en la acción y con más clichés.

Han tenido que pasar 18 años para que el director original decidiera traernos la tercera entrega de esta saga. ¿Estará a la altura de 28 días después o habrá bajado el estándar de calidad como sucedió en 28 semanas después? En este análisis encontraréis las respuesta a esta y otras preguntas.

Las cosas no han mejorado 28 años después

Han pasado 28 años desde la liberación del virus de la ira y las cosas no han mejorado tras los sucesos que vimos en 28 semanas después. La sociedad tal y como la conocíamos ha desaparecido. Los valores humanos y las jerarquías sociales han cambiado en pos de la supervivencia.

En esta entrega acompañaremos a Spike, un niño que ha logrado sobrevivir gracias a vivir en una comunidad cerrada, protegida naturalmente por una calzada que se inunda con la marea. Sin embargo, tras una serie de sucesos decide embarcarse en una peligrosa expedición en el continente. Con el fin de buscar una cura para su madre, quien tiene una enfermedad degenerativa.

De este modo, Spike descubrirá los secretos y horrores que se esconden en el mundo exterior. Mientras conoce a otros supervivientes y lidia con una nueva y peligrosa clase de infectado conocido como alfa.

Esta película tiene mucho más en común con 28 días después que con su secuela. Ya que 28 años después se centra mucho más en el drama humano y el terror psicológico que en la acción. Un punto que puede no agradar a muchos, pero que a mí me ha encantado.

Reparto y nuevos personajes

El protagonista de esta cinta es Spike, quien es interpretado por Alfie Williams. Este joven actor inglés de 14 años hace su debut como protagonista em esta entrega y vaya si lo hace bien.

Spike es un personaje complejo, ya que va evolucionando y pasando por distintas fases a lo largo de la película. Y es que, entre otros temas, 28 años después nos habla acerca de la madurez. De como el mundo es capaz de modelarnos y cambiarnos cuando vivimos diferentes experiencias.

Aunque Spike es el personaje en el que mejor se puede ver esto, también podemos encontrar a su contraparte. Y este es nada menos que Jamie, su padre, quien es interpretado por Aaron Taylor-Johnson. Este personaje representa para mí el lado más desgarrador de esta nueva realidad. Un hombre que ha perdido la esperanza y que se ha visto obligado a endurecerse para sobrevivir.

A pesar de que Jamie la cague y algunos de sus actos sean bastante cuestionables, podemos apreciar el cariño y la preocupación que le tiene a su hijo. Sus esfuerzos por hacer que se integre en la comunidad y que sobreviva tal y como hizo él. El problema es que Spike no quiere acabar siendo como su padre. Él todavía tiene esperanza y desea de todo corazón salvar a su madre. A diferencia de su padre, quien parece que ya haya aceptado que su esposa no va a volver. Por desgracia esta relación no se trabaja lo suficiente a lo largo de la película y el personaje de Aaron Taylor-Johnson queda relegado a un segundo plano.

La madre de Spike es interpretada por Jodie Comer, quien también hace un gran trabajo. A diferencia del personaje de Aaron Taylor-Johnson, su personaje va adquiriendo más relevancia a medida que avanza la trama. Y es que ella representa la última esperanza de Spike por tener “una vida normal”. Esto ya que a diferencia de su esposo, Isla sigue tratando a su hijo como lo que es, un niño. Negándose a que participe en el ritual de iniciación, etc. Además, ella es vulnerable a causa de su enfermedad y su hijo lo sabe, por eso le es más fácil empatizar con ella. Esto hace que nazca en él ese deseo de querer protegerla.

La relación entre madre e hijo es enternecedora. Durante la peli, ambos tienen momentos que ayudan a fortalecer su relación. Hasta el final, el personaje de Jodie Comer sirve para enseñarnos que además de supervivientes, también somos personas. Personas con su propio pasado y luchas internas.

Ralph Fiennes interpreta al Dr. Ian Kelson. Un misterioso personaje que ayuda a nuestros protagonistas y además deja la puerta abierta para una segunda película que ya ha sido anunciada. Seguramente ahí descubramos más acerca del trasfondo de este personaje.

Un apartado técnico espectacular

Uno de los apartados más destacables de esta saga de películas, en mi opinión, era la forma en la que estaban grabadas sus escenas. Una fórmula muy casera y que estaba a medio camino entre un documental y una peli de suspense. Estas ayudaban al espectador a introducirse en su mundo, a acompañar de cerca a sus personajes y sentir lo que ellos sentían: desesperación, soledad, terror…

Estas pelis utilizaban numerosos recursos audiovisuales. Desde cámaras en planos fijos que mostraban la desolación de los escenarios mientras los personajes caminaban por ellos; hasta planos que parecían estar grabados a mano en las escenas de acción. Con muchos planos cerrados de los personajes para mostrar su desesperación o su sensación de estar encerrados sin salida.

28 años después mantiene esta misma fórmula y se atreve a ir más allá. Ya que esta es la primera película en ser grabada prácticamente en su totalidad con un smartphone -bueno, en realidad varios. Más concretamente, con varios IPhone 15 Pro. Esto se hace notar en algunas escenas. Debido a la sobreexposición de los colores en espacios abiertos, así como en la iluminación.

El hecho de grabar con móviles y otros complementos le otorga a las escenas esa cercanía e inestabilidad tan características de la saga. Todo con la intención de meterte dentro de la película y transmitirte esa sensación de desolación y caos.

Otro punto importante es la caracterización de los infectados, la cuál está muy bien lograda. Su sola presencia me causó por momentos auténtico pavor. Y ya ni os cuento cuando les veía correr como una manada de lobos hambrientos tras su presa.

Llegados a este punto tenemos que hablar del alfa. Una nueva clase de infectado que se convertirá en la mayor amenaza de esta película. Los alfas son mucho más grandes y fuertes que los infectados promedio. Además, poseen un grado más de inteligencia, pudiendo organizarse junto a otros infectados para atacar o incluso emboscar a sus víctimas.

La simple presencia de este ser en pantalla imponía muchísimo respeto. Además, de ser un infectado con mucho potencial para las futuras entregas, ya que vemos que pueden llegar a reproducirse con otros infectados. Por lo que, ¿hasta que punto son tan distintitos de nosotros? ¿Puede que aún posean algo de su humanidad?

Conclusión

28 años después supera con creces a su predecesora y se ha convertido en una de mis películas favoritas del año junto a Los pecadores y KPop Demon Hunters.

Esta cinta es mucho más intimista que las anteriores entregas de la saga. Centrándose mucho más en sus personajes y deteniéndose en algunas partes para desarrollar sus relaciones. Aunque es verdad que esta cinta deja muchos cabos sueltos, al final tenemos que tener en cuenta que se trata de la primera entrega de lo que su director Danny Boyle espera que se convierta en una trilogía. Por lo que 28 años después se siente como lo que es: el inicio de una ambiciosa trilogía. Sentando aquí las bases para las futuras entregas.

¿Recomendaría esta película? Desde luego y estoy deseando ver como continúa la historia de Spike. Pero habrá que esperar hasta el 16 de enero para que podamos ir al cine y disfrutar de nuevo de una de las mejores sagas de zombis de todos los tiempos.